Cuando decidí enfrentar las sombras

Hace cuatro años choqué mientras iba en el asiento trasero de un taxi. Nunca imaginé que aquel golpe físico y emocional sería la antesala de una etapa difícil pero necesaria en mi vida.

Era día sábado y me había levantado temprano para ir a hacer clases. Participaba en una agrupación que trabajaba con niños y jóvenes de la PAC, haciendo reforzamiento escolar y preuniversitario. Cada sábado, más allá de las materias pasadas, era un aprendizaje emocional y de vida que me iban acercando a la carta de La Torre, el arcano número 16 del Tarot.

Pero la vida siempre nos tiene preparadas sorpresas que nosotros mismos vamos construyendo día a día con nuestro actuar, con las decisiones que tomamos, con la forma que abordemos el cotidiano. Y sí, así fue, un choque automovilístico vino por remover parte de la cúspide de esta torre, aunque el cimiento vendría a derrumbarse meses después, cuando caí en depresión por un problema familiar.

Hasta ese minuto no entendía muy bien por qué estaban pasando todas esas cosas. Era incapaz de observar que mi realidad era la que yo misma me había construido. Fue un día, cuando ni siquiera pude levantarme de la cama y entre llantos y un fuerte dolor en el pecho, me percaté que las cosas no estaban bien, que había tocado fondo, que La Torre se había terminado de derribar por completo.

Pedí ayuda, observé mi vida, comencé a trabajar en las cosas que quería cambiar, soltando viejos patrones familiares, soltando viejas creencias, quitándome etiquetas, silenciando el ego. Comencé a observarme, a observar mi entorno, comprendí que los buenos amigos están siempre para darte una mano, aún cuando el mundo se pone cuesta arriba. Valoré el apoyo de primos y tíos que estuvieron ahí para verme de pie nuevamente, limpié mi casa, limpié cajones con recuerdos añejos que sólo estaban guardando polvo, limpié el corazón de falsas amistades que sólo estaban para pedir y pedir favores. Limpié trabajo, limpié corazas y heridas mal cicatrizadas y fui liberando espacio para darle cabida a lo nuevo, visto desde un nuevo enfoque por supuesto.

Corté cadenas y comencé a escucharme, comencé a prestar atención qué era realmente lo que mi corazón quería. Escuché mi cuerpo, escuché mi útero. Comprendí que la felicidad no es un estado, sino una actitud con la que decidimos ver la vida. Aprendí que el agradecimiento y la abundancia van de la mano y que aunque haya tocado el barro y la Torre se haya derrumbado por completo, siempre podemos volver a amar en su totalidad.

Repasé esos años difíciles y comprendí que no fue más que la oportunidad de enfrentar mis sombras, patrones y creencias que no me permitían ser lo que realmente quería ser. Atravesar el espejo cuesta, pero hay que ser valiente para ver lo que puedes encontrar allí…sin embargo, es necesario hacerlo, como cuando decidimos formatear un computador que está lleno de virus y archivos dañados.

Enfrentar la sombras se hizo necesario para conocerme, para saber cuán dispuesta estaba para pelear por mi misma y por lo que yo quería ser, no por lo que los demás querían que yo fuese de mi.

Hoy, sólo miro con gratitud esa etapa y agradezco haber formateado patrones y creencias que estaban limitando mi alma para crecer y expandirse. Hoy solo puedo agradecer el camino que estoy atravesando, agradeciendo a todos quienes me acompañan, a todos los que ya no están, a todos quienes me espejan temas que aún hay que trabajar, a los que comparten su sabiduría y conocimiento conmigo, a todos los que me regalan un abrazo y me alientan día a día a seguir creciendo.

A ti, que estás leyendo esta nota.